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«Vinieron sus discípulos y robaron el cadáver de Cristo«. La mayor “fake news” de la historia

18 de abril de 2020

La Iglesia del Santo Sepulcro

Hoy, continuamente, en los medios de comunicación, oímos o leemos las palabras fake news, "noticias falsas". Lo mismo cuando se habla de la política, de la economía, de la historia o de la religión. ¿Qué significa exactamente esta expresión? Viendo Wikipedia podemos ver una buena definición y las consecuencias que ello trae de un modo muy sencillo. Las fake news (noticias falsas) son un tipo de bulo que consiste en un contenido pseudoperiodístico difundido a través de la prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo objetivo es la desinformación. Se diseñan y emiten con la intención deliberada de engañar, inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o rédito político. Al presentar hechos falsos como si fueran reales, son consideradas una amenaza a la credibilidad de los medios serios y los periodistas profesionales, a la vez que un desafío para el público receptor. ​La difusión de noticias falsas con el objeto de influir en las conductas de una comunidad tiene antecedentes desde la antigüedad, pero dado que su alcance está relacionado directamente con los medios de reproducción de información propios de cada etapa histórica, su área y velocidad de propagación resultaba escasa en las etapas históricas previas a la aparición de los medios de comunicación de masas. El desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación permitió que la dispersión de noticias falsas y su utilización para fines políticos se transformara en una preocupación global".

Estamos en la Semana de Pascua, y durante estos días se leen los Evangelios que narran la Resurrección de Cristo y su aceptación o no aceptación por los judíos. El lunes de Pascua se lee Mt. 28,1-20. Citamos el texto un poco resumido: Mt 28,1-6.11-15: «Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba... Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Éstos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: "Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos." Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones." Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy».

Hay que reconocer que en esta noticia que nos relata el Evangelista San Mateo están presentes todos los elementos de lo que significa una fake news, tanto en el contenido como en la difusión y en las consecuencias que ello trajo para la historia de todos los hombres tanto presentes como futuros y para la salvación de tantos y tantas, hombres y mujeres. Lo mismo que hemos leído en Wikipedia. ¿Cómo debemos entender todo esto?.

Conocemos la actitud negativa de las autoridades judías ante la Resurrección de Cristo: frente a la alegría de las mujeres por haber visto a Jesús resucitado, que corren al Cenáculo para dar el anuncio pascual a los Apóstoles y demás discípulos, es decir, al mundo, están los hombres de siempre, los que se venden por dinero, los corruptos: los sacerdotes, los ancianos, los soldados. «Algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado». Los Sumos Sacerdotes y los ancianos -dice Mateo- «dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: "Tenéis que decir: Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos". Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones» (Mt 28,12-14). «Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió ese rumor entre los judíos, hasta hoy» (Mt 28,15). Todos intentan "silenciar" la noticia más extraordinaria para la humanidad: Jesús, un hombre como nosotros, ha resucitado y ha vencido a la muerte. Estas personas, antiguas y modernas, no creen en la resurrección de Cristo, ni les interesa. Son más importantes otras cosas, como dice Pablo: «comamos y bebamos, que mañana moriremos» (1Cor 15,32). «Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy».

Otra posición es la de algunos políticos -como sucedió con Poncio Pilato- que procuran esconder los hechos o mirar a otra parte. Y, para defenderse de su cobardía, al haber matado a Jesús, a pesar de no encontrar en Él ninguna razón para crucificarlo, quieren acusar a los discípulos de haber hecho desaparecer el cadáver de Jesús y decir luego que había resucitado (Mt 27,62-67). «Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: "Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré». Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: «Resucitó de entre los muertos, y la última impostura sea peor que la primera». Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia».

Un argumento muy extraño, pues existía la ley de la "inviolabilidad de los sepulcros"[1]; el sepulcro era un lugar sagrado tanto para los romanos como para los judíos, y su violación estaba sujeta a la pena de muerte. De ello da fe la inscripción encontrada en Nazaret: es un edicto del César, emanado en la primera mitad del siglo I, que prescribe la pena de muerte contra quien violase la integridad de cualquier sepulcro, ello incluía la remoción de una piedra o del cadáver[2]. Al político le cuesta responder ante la opinión pública de sus propios errores y reconocer la verdad, pues puede perder su cargo.

Otra es la respuesta de los intelectuales, como la del historiador judío Josefo Flavio -según la traducción en lengua árabe hecha por Agapios, considerada la más fiel-, cuando afirma: «En aquella época hubo un hombre sabio, llamado Jesús, cuya conducta era buena... Pilato lo condenó a la muerte de cruz. Pero sus discípulos predicaron su doctrina. Ellos contaron que se les había aparecido después de tres días de su crucifixión y que estaba vivo. Quizás él era el Cristo sobre el cual los profetas habían dicho cosas prodigiosas»[3]. El autor judío no se atreve a dar una respuesta a la pregunta: ¿quién es Jesús? Se contenta con un simple "quizás". Es la respuesta del intelectual que no se decide porque le faltan "las pruebas". Pero en realidad lo que le falta es el compromiso con la verdad.

¿Lo han robado sus discípulos o ha resucitado? El Sepulcro Vacío es sólo un signo, una prueba indirecta, porque la ausencia del cuerpo de Cristo podría interpretarse diversamente: podría haber sido robado mientras dormían los guardias, como decían los judíos (cf. Mt 28,11-15), aunque -como bien observaba San Agustín-, es difícil presentar y creer a testigos que certifican de algo que ocurrió "mientras estaban dormidos"[4]. ¡Su testimonio no sería aceptado por ningún tribunal humano!.

Fr. Artemio Vítores González, of.
Guardián del Convento Franciscano del Cenáculo

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[1] Marciano, Dig. 1,8,6.

[2] M. Guarducci, "L'iscrizione di Nazaret sulla violazione dei sepolcri", in Atti di Pontificia Accademia Romana di Archeologia, 18, Roma 1941-1942,85-98.

[3] Josefo Flavio, Antigüedades judías XVIII,3,3. [4] S. Agustín, Tranct. In Ps. 63, 15 (PL 36,767-768).

[4] S. Agustín, Tranct. In Ps. 63, 15 (PL 36,767-768).